En el gotelé se ha focalizado toda la esencia de lo malo de los pisos antiguos, los de las abuelas, con sus pasillos interminables, salones recargados, cortinas pesadas, alguna habitación oscura, etc. En suma, unas casas a las que nos gusta ir a comer los domingos, pero en las que no queremos vivir. La rugosidad de la pared, al final, es muy barroca y nos recuerda a todo eso: nada como una pared lisa y blanca, sin fotos de comunión. No sé, ya que hemos renunciado a vivir en casas grandes, que por lo menos podamos elegir que sean muy bonitas.

En los años sesenta, cuando España vivía un éxodo masivo de los entornos rurales hacia las ciudades, el mercado inmobiliario español creció un 40 %, según un exhaustivo estudio titulado El modelo Inmobiliario español y firmado por José Manuel Naredo y Antonio Montiel. Era la época del desarrollismo auspiciado por el Plan de Estabilización franquista de 1958, que originó un boom urbanístico con cientos de miles de casas al estilo colmenas construidas de manera muy rápida. En esos hogares, durante esa década, apareció un elemento decorativo del que muchos, aún hoy, se arrepienten: el gotelé.

En la serie de televisión ‘Manos a la obra’ (1998), el albañil Benito (Carlos Iglesias) aseguraba que era él quien había introducido el gotelé en España.

gotele obra manoloybenito

Esta técnica de pintura al temple y acabado en grano servía para ocultar las imperfecciones de las paredes de todas esas casas de los barrios obreros que se construían como piezas de Lego. “La técnica del gotelé era perfecta para disimular las imperfecciones de las paredes. Como eran construcciones hechas de forma rápida había imperfecciones y ese acabado ocultaba los defectos ocurridos durante la construcción. Si la pared no es recta, o tiene algún desnivel, el gotelé lo hace pasar desapercibido”.

Hoy, empieza a surgir gente que reivindica esta corriente como parte de nuestra historia. Otros continúan su batalla para erradicarlo. El problema económico también influye. El coste de eliminación es una barrera insuperable por muchas familias.

Esta técnica de pintura al temple y acabado en grano servía para ocultar las imperfecciones de las paredes de todas esas casas de los barrios obreros que se construían como piezas de Lego.

No se trata de recuperar el gotelé, sino de entender o recordar qué es y de dónde viene. Como cualquier solución material o producto de diseño, por anónimo, ordinario o banal que parezca, le acompaña un contexto que le da lugar. En el caso del gotelé es el contexto social y político que rodea al sector de la construcción en España: rapidez, urgencia, productos baratos y mano de obra poco especializada, y la búsqueda de beneficio fácil.

En el sector español de alquilar un piso, o comprarlo y reformarlo, se ha colado de manera sistemática la pregunta de “¿tiene gotelé?”. De hecho, en varios portales inmobiliarios, en las descripciones de la vivienda, los propietarios incorporan como característica, positiva o negativa, el tipo de pintura que tiene la casa, al igual que los armarios empotrados o la clase de azulejos.

Y es que hoy, la demanda de gotelé a una empresa de pintura es casi nula. “El gotelé es la imagen de un modo de proceder (de la industria de la construcción), que incluso se convirtió en moda y que ha quedado grabado en nuestro imaginario. Como tal, es un testigo, o una imagen, de quién somos como sociedad. .

Esta técnica, que en inglés se conoce como popcorn (palomitas), no tiene inventor, por mucho que, en 1998, la serie de televisión Manos a la obra incorporara entre sus gags que su protagonista, el albañil Benito (Carlos Iglesias) habia sido el que lo había introducido en España.

“No es fácil saber quién lo inventa, o generaliza. Lo que está claro es que su masiva introducción en las viviendas españolas tiene que ver con que se trata de un tipo de pintura fácil de aplicar, que no requiere de la ejecución de paredes perfectamente lisas, ya que disimula la imperfección. Su extensión coincide con el boom de la construcción de los años 60, dirigido desde el régimen de entonces, antes de que existieran sistemas industriales como el pladur, cuando el acabado liso en yeso se aplicaba a mano”.

Mantener este testigo estético de la historia de España en las paredes de muchas casas es algo que empieza a valorarse también dentro del interiorismo. Hay decoradores  que aseguran que no le extrañaría que se pudiera recuperar esta técnica: “A lo mejor no para habitaciones enteras sino dándole una importancia concreta a un rincón. Además, se podría hacer de distintos colores, con lo que la pared quedaría como un cuadro de Pollock visto desde el cielo”. Ya se han empezado a utilizar, si no gotelé, sí ciertos morteros con características infinitamente mejores (dureza, flexibilidad, transpirables, ecológicos, etc) en algunos proyectos: “Las texturas vuelven en las paredes, si bien el gotelé fue un recurso para tapar lo mediocre –y las cosas mediocres espero que no vuelvan–, ya se están utilizando ciertos morteros (www.graphenstone.com) como  pastas rayadas y otras texturas trabajadas en alguna ocasión”. Es dar valor a un recurso decorativo.